• Guillermo Varela Vallespi

Deudas: mitos y realidades

La mayoría tenemos una tendencia natural a deshacernos de las deudas lo antes posible, incluso a no adquirirlas en absoluto; mientras más elevada es, más intenso nuestro deseo de que disminuya o desaparezca.


Es definitivamente un buen reflejo evitar estar endeudado, o al menos evitar estar mal endeudado. En Canadá, por ejemplo, varios son los estudios y encuestas que indican que el endeudamiento es una de las principales causas de estrés y de problemas familiares, incluido el divorcio, además de otros inconvenientes no menores en el resto de las facetas de nuestras vidas. Sin embargo, todo tiene una segunda cara. Las deudas no son la excepción.


Tipos de deudas

Aunque no profundizaré demasiado en ello hoy, técnicamente, las deudas se pueden presentar en diferentes denominaciones dependiendo de la manera en que son rembolsadas. En este sentido, es bueno establecer al menos el contraste entre dos conceptos que se utilizan de manera indistinta, pero que difieren en su naturaleza e implicaciones. Me refiero al préstamo y al crédito, ambos constitutivos de una deuda para el prestatario, pero que son diferentes, tanto en sus fundamentos como en sus consecuencias potenciales.


El préstamo

En un préstamo la persona (prestatario) recibe una cantidad de dinero que ha solicitado previamente. Habitualmente el pedido se realiza a una institución financiera (prestamista), los bancos, por ejemplo. El importe de este préstamo deberá ser devuelto, junto con los intereses acumulados, en el plazo y condiciones pactados entre el prestamista y prestatario. Como regla, el pago se realiza mediante cuotas regulares (mensuales, trimestrales, semestrales, etc.), las cuales incluyen el rembolso al unísono de una parte del capital y del interés. Ejemplos de préstamos son: las hipotecas, los préstamos de estudiantes y los asociados a la compra de un auto, entre otros.


El crédito

En el caso del crédito la persona no tiene porqué solicitar este dinero, la entidad bancaria se lo pone a su disposición por adelantado; sólo debe de reembolsar la cuantía que utilice según las condiciones pre-establecidas. Una vez reintegrado este monto, interés mediante, si corresponde, vuelve a tener acceso a su utilización sin que intervenga ningún otro trámite o gestión. Este ciclo, en principio, se puede repetir hasta el infinito. Por el nivel de riesgo que ello implica para el prestamista, es común que los intereses del crédito sean significativamente más altos que los de un préstamo. Ejemplos comunes de créditos son las tarjetas y las líneas de crédito.


Deudas “buenas” vs deudas “malas”

Como adelantaba en el comienzo, existe la percepción general de que las deudas nunca son buenas. Sin embargo, tal vez resulte sorpresivo para usted si le dijese que una parte importante del desarrollo de la sociedad humana está estrechamente vinculado al surgimiento y posterior progreso de los sistemas financieros, o lo que es lo mismo, del crédito; esta vez utilizado el término en su significado más amplio. Recientemente escribí una serie de artículos dedicados a este tema en particular.


A escala familiar, particularmente, es muy importante saber diferenciar entre lo que puede constituir una deuda buena y lo que puede ser una deuda mala.

Deudas buenas

Las deudas buenas se asocian más con los préstamos que los créditos, sin ser exclusivas de uno u otro tipo. Las deudas buenas, cuando se administran bien, son fuente de conservación y/o multiplicación del capital.


Un ejemplo de esta forma de deuda es la hipoteca. Gracias a este tipo de préstamo se puede acceder a una propiedad, la cual, además de aumentar el confort, facilita el crecimiento del patrimonio familiar; los bienes raíces pertenecen al tipo de activos que tienden a aumentar su valor en el tiempo. No es cosa menor para la planificación financiera familiar, sin embargo, la adquisición de una deuda que durará más de una generación y que en sus inicios asciende a varios cientos de miles de dólares. Un análisis profundo y personalizado de la situación actual y proyectada de cada familia se impone antes. Hacerlo aumenta de manera significativa las probabilidades de éxito. No hacerlo, lo contrario.


Otro ejemplo de una deuda potencialmente buena es el préstamo para inversión. A través de este tipo de préstamo se tiene acceso a un capital que se destina a invertir en los mercados bursátiles. La idea es generar un interés más elevado que el interés que se paga por el dinero prestado. El préstamo de inversiones, si bien puede ser una vía muy efectiva para hacer crecer el capital, debido a su efecto multiplicador o de leverage, también puede derivar en el resultado opuesto, con equivalente efecto multiplicador. Al igual entonces que con el préstamo hipotecario, un análisis profundo de la situación financiera, presente y proyectada, es altamente recomendado antes de lanzarse en este tipo de deuda.


Por último, los préstamos de estudios son también un ejemplo de una buena deuda. Si bien pueden constituir una carga pesada al comienzo, está más que probado que invertir en el conocimiento conlleva tanto al crecimiento personal como al material.


Deudas malas

Contrario a las deudas buenas, las deudas malas se asocian más con los créditos que con los préstamos, también sin ser exclusivas de uno u otro. Desafortunadamente, son las que más predominan. Parte de la explicación radica en el hecho de que este tipo de deuda es de fácil acceso, pues los condicionamientos son con frecuencia significativamente menores que sus similares de los préstamos. Las tarjetas de créditos, el modelo por excelencia de una deuda en forma de crédito, casi nos las embuten, por ejemplo. Algo similar rara vez ocurre con los préstamos; el préstamo para un auto pudiera ser una de esas raras excepciones.


Otra razón de la frecuencia tan elevada de estas deudas es la naturaleza de lo que se adquiere con ellas. Inversamente a lo que ocurre con la mayoría de los préstamos, el crédito por lo general se utiliza en bienes que no se aprecian y que por lo tanto no ayudan a crecer nuestro patrimonio en el tiempo, al contrario. Aunque son bienes imprescindibles, algunos, como la comida y los medicamentos, muchos caen más en la categoría del quiero y no del necesito. Esto hace toda la diferencia.


Una idea importante a retener, tal vez la más importante, es que las deudas malas hacen más difícil el acceso a las deudas buenas, lo cual puede volverse un círculo vicioso del cual es muy complicado salir. Es posible, pero se necesita mucha disciplina, tiempo y una buena estrategia de pago, sobre todo.


Entonces, la próxima vez que decida recurrir a la deuda como vehículo de pago, pregúntese: ¿Es crédito o préstamo? ¿Es buena o es mala?


Recuerde: no deje para mañana lo que debió hacer ayer.

 

Familia y Economía

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