• Guillermo Varela Vallespi

Crisis financieras que cambiaron el mundo (II): La otra cara

Había anticipado, al final del escrito introductorio de esta serie, que le seguiría uno dedicado al que se reconoce hoy como el primer rescate del sistema bancario por parte del entonces incipiente gobierno americano, y que tuvo como una de sus consecuencias fundamentales sentar las bases del sistema financiero mundial tal y como lo conocemos hoy. Para ello hice un pequeño preámbulo sobre los sistemas financieros y el beneficio potencial que estos pueden aportar a una sociedad, lo cual ilustré a través de un ejemplo sencillo.

Sin embargo, al intentar darle forma al artículo sobre ese “rescate primogénito”, me doy cuenta de que para poder llegar a comprender en su real amplitud la génesis y consecuencias de varias de las principales crisis financieras que recoge la historia moderna (mi idea original al comenzar esta serie), es imprescindible entender primero las bases de cómo funcionan en la práctica los sistemas financieros, y muy particularmente los bancos, su piedra angular. No basta con reconocer que estos pueden ayudar al desarrollo de una sociedad, es imprescindible entender que esta ayuda tiene un costo potencial asociado. Costo que en ocasiones puede alcanzar dimensiones desastrosas. Mi introducción se extiende entonces.


El Yin y el Yang


La economía capitalista se comporta en gran medida como un sistema de suma cero; esto es, un beneficio potencial estará siempre acompañado de un riesgo potencial. Así, si retomamos el escenario de nuestro pequeño pueblo modelo, recordaríamos que un ejemplo del beneficio potencial de contar con los servicios de un banco reside en la posibilidad para el panadero de hacer crecer su negocio y con ello el surtido de panes en el pueblo (una expresión de creación de riqueza), y esto a través de la solicitud a ese banco de un préstamo para invertir en nuevas maquinarias; capital que ya sabemos de otra manera le hubiese sido muy difícil obtener, si no imposible.


Hay, sin embargo, un riesgo asociado a ese préstamo: la posibilidad (más o menos probable) de que su proyecto no se llegue a materializar (o se materialice a medias) y no se pueda entonces recuperar el monto del préstamo inicial.


El resultado global de una situación como la anterior pudiera ser resumido como sigue:


- Usted (como otros), que había depositado en el banco el excedente de su capital asumiendo que así estaría más seguro y que además ganaría un interés por mantenerlo allí, podría no recuperarlo, al menos no en su totalidad. Ni tampoco tener acceso a él de manera inmediata en el momento que pudiera necesitarlo, en caso de todavía existir; - El panadero, al no poder devolver el préstamo con el fruto de su proyecto, se pudiera ver forzado a vender su negocio para así poder honrar, si no en la totalidad al menos en parte, la deuda contraída con el banco; - El banco, que logra existir como institución gracias en buena medida a la seguridad que él supone ofrecer, perdería la confianza de los pobladores en su capacidad para garantizar el capital que allí ellos depositan. Sin esta confianza es imposible para el banco mantener su modelo de negocio y con ello su capacidad de existir; - Los pobladores, en su mayoría amantes y necesitados del pan, verían la oferta de este último limitada (si no desaparecida en su totalidad), lo cual elevaría su precio y haría la situación peor; - Otros proyectos, con capacidad de crear riqueza en el pueblo, los cuales en ausencia de una institución que los financie difícilmente verían la luz;


Con seguridad la situación creada en el pueblo por el colapso del proyecto del panadero encontrará un nuevo equilibrio y el camino hacia la creación de riqueza se reabrirá para ellos.

Entretanto, sus pobladores deberán lidiar con la crisis provocada debido a la ineficiencia en el funcionamiento de su naciente sistema financiero. Deberán además aprender de esa crisis, de tal manera que las causas que la generaron, al menos esas, no se vuelvan a repetir.


En la próxima entrega entonces: Cómo funcionan los bancos


Recuerde: no deje para mañana lo que debió hacer ayer

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